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CHIAPAS  

Peligrosa ruta  de migrantes centroamericanos

Nehemías Jiménez
Pese al violento oleaje y  a su profundidad, para evitar los retenes policiacos, cientos de indocumentados centroamericanos cruzan a diario sobre la presa La Angostura, considerada una de las rutas migratorias más peligrosas de México

 

 


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Valles Centrales de Chiapas.- La zozobra de viajar tres horas sobre una panga que apenas logra estabilizarse entre el fuerte oleaje de las agua que albergan la presa La Angostura, valen la pena para librar los retenes militares y policiacos que se incrementan a lo largo y ancho del estado, consideran los migrantes centro y sudamericanos que se arriesgan a cruzarla de día o de noche, con el fin de alcanzar el centro de Chiapas para seguir rumbo a Estados Unidos.

“Aquí a diario pasan cientos de guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses… Aquí se mira y se calla”, dice Laura, una mujer acostumbrada a observar las pangas cargadas con  inmigrantes sobre el embalse que abarca desde Frontera Comalapa y se prolonga hasta La Concordia, en la región Frailesca.
La mujer, vecina del lugar, explica que cuando los inmigrantes o los traficantes empezaron a usar esta vía, eran “miles” los que pasaban a diario, pero aunque el número ha disminuido, esta ruta aun es usada por los extranjeros de los países de la región, pese a la tragedia ocurrida a principios de abril, cuando murieron nueve guatemaltecos al caer y hundirse, a más de diez metros, el camión de doble fondo donde viajaban.


La ruta número 20
El reloj marca las 22:00 horas y el cansancio y el sueño se apodera de los migrantes centroamericanos que esta noche se congregan en un poblado cercano al embalse de La Angostura. El inclemente sol hace más tediosa su espera. Durante días han pernoctado en el poblado, protegidos por los habitantes de la zona, quienes impiden el ingreso a las corporaciones policiacas. No obstante, algunos agentes alcanzan a arañar el municipio de Chicomuselo, donde instalan sus retenes y, al amparo del anonimato y abuso de poder, cobran hasta 200 pesos por cada migrante que detectan a bordo de vehículos de transporte público. Hacia el interior, en las inmediaciones de la presa, sólo el ejército realiza patrullajes.

El viento seco les juega una mala pasada a los de por si maltrechos inmigrantes. Las tolvaneras de finas partículas envuelven a los hombres y mujeres de Honduras, El Salvador y Guatemala, que sólo esperan la indicación del pollero para adentrarse al riesgoso viaje a través de los 20 mil millones de metros cúbicos de agua, y que se cruza en no menos de tres horas, en las cuales, todo puede ocurrir.

La vía de la presa La Angostura (una de las tres más grandes de México), que se forma  por el caudal del río Grijalva, es una de las 20 rutas que usan los inmigrantes centroamericanos para tratar de evadir los múltiples retenes policíacos-militares a lo largo del estado de Chiapas. Pero a veces el riesgo es mayor, porque si la lancha sufre una colisión con alguno de los maderos, el resultado es fatal. Por cruzarlos por esta ruta, de Centroamérica a Estados Unidos, los polleros cobran a los migrantes un promedio de 5 mil dólares.
Luis Montenegro, cónsul de Guatemala en Comitán, explica que además de los peligros del afluente, tiene muchos reportes de asaltos contra sus conciudadanos.

David es un guanaco (como se conoce comúnmente a los salvadoreños) que por varios días ha permanecido angustiado en el poblado cercano a la presa. No tiene plata (dinero) para proseguir con su periplo por la República Mexicana, en pos de alcanzar la frontera norte. Con los pocos dólares que traía en los bolsillos, apenas consiguió subsistir y realizar algunas llamadas a Carolina del Norte, donde se localiza su hermano, quien le enviará mil 500 dólares para que continúe su recorrido hacia el norte.

Para cobrar el dinero, David deberá llegar hasta Frontera Comalapa, donde se ubica una agencia de envío de divisas. Una vez en ese municipio, tiene que contratar a un lugareño para que retire el dinero a su nombre, por supuesto, previo pago por el servicio.

El riesgo es mucho: en Chiapas los elementos policiacos merodean los centros de dinero express para extorsionar a los migrantes, lo mismo hacen grupos de pandilleros o delincuentes comunes, que esperan cualquier descuido para asaltarlos. Conciente de estas malas experiencias que han sufrido otros de sus conciudadanos, el joven salvadoreño teme que su dinero se esfume, pero tampoco le queda otra opción.

Hace dos semanas que David y cuatro migrantes más, entre ellos un niño, salieron de El Salvador. Una vez en territorio chiapaneco, no hubo vehículo que los acercara al embalse, así que, bajo el candente sol de un día jueves caminaron más de 20 kilómetros para apostarse cerca de La Angostura.

David salió de El Salvador –como los miles de centroamericanos que emigran a diario- con la ilusión de encontrar una mejor vida en los Estados Unidos porque “en nuestro país nos pagan cinco dólares en el día. Esos cinco dólares sólo nos sirven para una orden de comida; es muy difícil encontrar trabajo allá”, explica.  Narra que  en México se han encontrado con muchos obstáculos, tales como la presencia policíaca, el mal tiempo, la falta de dinero y el hambre. Lo más difícil, dice, es lidiar con las policías, que amenazan con arrestarlos y deportalos sino pagan su “cuota”.

“Nos hemos encontrado a varios agentes de la policía, uno de ellos nos pidió 25 mil pesos para que nos dejara pasar. Nosotros como ya no queremos dar marcha atrás, se lo tuvimos que dar, pero eso complica aun más la llegada hasta nuestro destino”, se queja.
“No sé para qué nos detienen si saben perfectamente que nosotros dejamos una gran cantidad de dinero en el país que viajamos, en restaurantes, hospedajes, en transporte. Nuestro dinero da de comer también a muchos mexicanos que nos brindan apoyo”, interviene Axel, otro migrante.

Un poco de agua alivia la extenuante jornada. Lo grandes sorbos que David da a un pequeño garrafón que carga consigo, le caen como una bendición. Después de las quejas de las extorsiones de las que son objeto, resignados, los migrantes concluyen que es el precio que pagan por no tener papeles; tampoco quieren darse por vencidos, porque al salir de su tierra dejaron cuantiosas deudas, así que, con las manos vacías no pueden regresar.
Al fin, tras largos días de espera, una madrugada, los cinco salvadoreños consiguen tomar una lancha con la que cruzarán la presa. Prosiguen su viaje con un doble temor: caer al agua o ser detenidos en cuanto la panga llegue a tierra firme.

 

Muerte en La Angostura

A principios de abril un camión acondicionado con un doble fondo cayó en la presa La Angostura. Las versiones dicen que el vehículo perdió los frenos en una pendiente cuando se aproximaba al afluente, y  la otra, que el camión cayó desde la panga. El incidente dejó un saldó de ocho inmigrantes de Guatemala muertos.


Entre los guatemaltecos que pierden la vida se encontraban Angélica Rebeca Utuy Tecun, originaria del departamento (estado) de Totonicapán y Rodrigo Salomón González González, vecino del poblado San Francisco de la Unión, departamento de Quetzaltenango. Fredy Abdias Tuchin Utuy, originario de Totonicapan; Magdi Arsenia Girón Granajo, Estuardo Otoñiel Rivera Castro y Jorge Vicente Mejía, nativos del departamento de San Marcos.
Los otros tres son: Estuardo Otoñiel Rivera Castro, de 35 años, quien viajaba con su cuñado, Jorge Vicente Mejía, hermano de su esposa Lorenza Vicente.


Lorenza Vicente, entre sollozos, narra que su esposo y su hermano, (Estuardo y Jorge)  así como la mayoría de la familia viven en la pobreza en su natal Guatemala, y por eso decidieron irse.


Lorenza relata que, desde que partieron su marido y su hermano, a ella la embargó la intranquilidad, por lo que después de la despedida, y de darles todas las recomendaciones, decidió permanecer junto a la radio como si presintiera lo que iba a pasar. Y pasó.


“Escuché que había habido un accidente con indocumentados”, cuenta Lorenza en medio del llanto. Dice que inmediatamente determinó ir en la búsqueda de su marido y hermano, por lo que tomó el primer autobús que encontró a La Mesilla, y de ahí llegó hasta la presa de La Angostura.


Al llegar al lugar, los pobladores le dijeron que estaba flotando un cadáver, Lorenza pagó una lancha para que la llevara hasta el lugar donde le decían estaba el cuerpo, y fue así como vio que se trataba de su esposo Estuardo. Más tarde, al llegar a Tuxtla Gutiérrez, identificó el cuerpo de su hermano.


Es tan grande el dolor de Lorenza de 31 años, que no puede continuar con su relato. Sólo dice que a su esposo y hermano, sus demás familiares los esperaban en Tennessee, donde trabajarían en una huerta. (Fredy Martín Pérez)

 

 

 

 

Revista Contralínea
Publicado: Año 4 / Julio 2008 / Número 44



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